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domingo, 10 de julio de 2011

Vivir alejadas tal vez ha sido la parte más difícil de asimilar a lo largo de los años que hace que nos conocemos. Quizás más el hecho de despedirnos año tras año, sabiendo que pasaremos otros nueve meses sin saber apenas nada de las otras.
Madrid, Albacete, Elche.
 Siempre nos ha definido la distancia que nos separa, limitándonos a vernos una vez al año, en el que volvemos a vivir, a pasar momentos increíbles, a compartir año tras año ese pedacito tan importante de nuestra vida, que es el verano.

De pequeñas, inseparables. Nos costaban más las despedidas que ahora, quizás porque no éramos conscientes de que ni siquiera esa gran dificultad como es la distancia, sería capaz de distanciarnos, ya que para nosotras, la distancia  no es sinónimo de olvido, porque hemos sabido aceptar que somos muchísimo más fuertes que unos cuantos kilómetros.


Hoy, por fin, me he podido dar cuenta. Después de dos años, hemos vuelto a coincidir las tres. De nuevo como antes, tan genial como siempre. Una tarde hablando y conociéndonos un poquito mejor a  nosotras mismas, nos ha servido para darnos cuenta de que aunque hemos crecido con varias ciudades de diferencia, en realidad, hemos crecido juntas. Ya no somos las crías que éramos, ahora tenemos miles de experiencias para contar, y otras mil para vivir juntas. Soy consciente de que tal vez en otros dos años no volvamos a coincidir las tres, pero estoy segura de que volveremos a tener otra tarde así, de saber más de cada una, incluso de nosotras mismas. Me he dado cuenta de que habeis formado parte de mi pasado y seguis formando parte de mi vida, ya que no perdemos esa magia que nos caracteriza a las tres cuando podemos estar juntas.

Habéis conseguido que la palabra VERANO os identifique completamente en mi cabeza.

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