Esos días en que el plan cambia por completo y acabas tirada en el césped del parque municipal, preguntándote por qué coño has ido a "estudiar" allí.
Pero te parece normal, y posiblemente, el único sitio del mundo en el que te apetecería estar en ese momento.
Una tarde apartada de todos y de todo, dando vueltas, pero sin ir a ningún sitio, solo andando, hablando, y con su compañía.
Con ellas, que hacen que algo pase ser de "no tengo ganas de nada" a "estoy agustísimo con nada".
