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martes, 20 de diciembre de 2011

Tras la ventana enrejada, el cielo se veía cubierto de estrellas, con una luna en cuarto creciente subiendo por detrás de las montañas.

A los poetas les gustaba mirar la luna llena, escribían miles de versos sobre ella, pero Veronika estaba enamorada de aquella media luna, porque aún tenía espacio para crecer, expandirse, llenar de luz toda la superficie antes de la inevitable decadencia.