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jueves, 6 de enero de 2011

Esos días en los que te apetece poca cosa, un sitio sin gente, y las personas justas, pero necesarias.
Esos días en que el plan  cambia por completo y acabas tirada en el césped del parque municipal, preguntándote por qué coño has ido a "estudiar" allí.
Pero  te parece normal, y posiblemente, el único sitio del mundo en el que te apetecería estar en ese momento.
Una tarde apartada de todos y de todo, dando vueltas, pero sin ir a ningún sitio, solo andando, hablando, y con su compañía.


Con ellas, que hacen que algo pase ser de "no tengo ganas de nada" a "estoy agustísimo con nada".

2 comentarios:

  1. Que ¿por qué has ido allí a estudiar?
    Esa me la sé yo. Es muy simple. Porque se está jodidamente bien sentada en el césped rodeada de palmeras y plantas que transmiten su calma.

    Nunca me ha dado por ponerme allí a estudiar, pero no es mala idea, la verdad.

    Después de tumbarte allí en verano a la sombra de las palmeras a charlar, de sentarte en las ruinas de la muralla a miriendar mientras ves a la gente pasar y escuchas el sonido del agua de la fuente... supongo que el siguiente paso es ese: sacar un libro y ponerse a leer.

    Sí, realmente suena bien de cojones.

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  2. Un buen día, sí señor!

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